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desarrollo personal

¿Y tú, en que te fijas?

¿Y tú, en que te fijas?, es una pregunta muy popular en los adolescentes, y generalmente la respuesta va dirigida a alguna “cualidad” física, pero vamos a ahondar un poco mas en este tema, para saber en realidad en que fijamos nuestra atención, a continuación un pequeño relato que encontré en mis archivos, disfrútenlo.

Una vez un maestro estaba dando clase a sus alumnos. Aquella mañana quería ofrecerles una lección distinta a las que vienen en los libros. Después de pensar un poco ideó la siguiente enseñanza:

Hizo una mancha de tinta china en una gran hoja de papel blanco.  Reclamó la atención de los alumnos y alumnas y les preguntó:

- “¿Qué ven?”

- “Una mancha negra”, respondieron a coro.

- “Se han  fijado ustedes en la mancha negra que es pequeña”, replicó el maestro, “y nadie ha visto la  hoja blanca que es mucho mayor.”

Todo mundo ve el defecto…….

Estamos tan enseñados a la crítica, a encontrar la mancha, a fijarnos en el error, en el defecto de las personas, que se nos ha olvidado ver la parte blanca, que es más resplandeciente, más grande, más significativa, ya que ésta parte es la que nos muestra quien es en realidad la persona con la cual tratamos.

Nos volvemos muy críticos sobre todo con las personas que tenemos a nuestro lado, aquel que está mas próximo a nosotros, le señalamos sin piedad sus defectos, sus errores, sus fracasos, sus caídas, sus desaciertos y llegamos a centrarnos tanto en esa mancha, que terminamos encasillando en ella a nuestros hijos, padres, cónyuge, hermanos etc.;  ellos son los que merecen que observemos con atención la gran parte blanca de la hoja de su vida, la cual representa sus virtudes, cualidades, éxitos y aciertos.

Como decía un sacerdote amigo mio , “En una sábana blanca los punticos negros se notan mas.”

¿Y tú, en que te fijas?

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No hay palabras mal dichas sino mal interpretadas.

No hay palabras mal dichas sino mal interpretadas, reza el viejo refrán, será verdad, a continuación, les escribo un hermoso cuento que recibí hace ya bastante tiempo en mi email.

En un Antiguo reino, un Sultán soñó que había perdido todos sus dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

-”¡Qué desgracia, Mi Señor!”, dijo el sabio. “Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.”

-”¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Castigadle!”, gritó el Sultán enfurecido.

Más tarde, el sultán consultó a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

-”¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes.”

El semblante del Sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que dieran cien monedas de oro al sabio. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

-”¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer sabio. No entiendo porque al primero se le pagó con un castigo y a ti con cien monedas de oro.”

El segundo sabio respondió:

- “Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.”

Anónimo.

 

Muchos problemas se evitarían si aprendiéramos a decir las cosas con amor, con felicidad, con respeto, dicen que “no hay palabras mal dichas sino mal interpretadas”, pero la causa de la mala interpretación depende de la forma en que se dicen.

El hablar no se limita solamente al orden de las palabras sino también, a la forma como se expresan, el tono de voz, los gestos faciales y corporales, esto hace la diferencia, ya que todo este conjunto lleva una serie de emociones entrelazadas,  que son las que hacen la diferencia entre lanzarlas a la cara o entregarlas en un fino  y delicado embalaje.

Aprendamos a hablar con amor, cariño, respeto y ternura, y no se te olvide sonreir.

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