Get Adobe Flash player

carga

La Carga

Una vez, saliendo a la puerta de mi casa, se me acercó un niño pobre.  Habrá tenido 8 ó 10 años, la carita flaca, el pelo sucio. La ropa apenas lo abrigaba.  Pero lo que más me impactó fue lo que traía en sus espaldas; colgado de sus hombros otro niño, que habrá sido apenas un par de años mas chico que él.

El niño apoyó, con mucho cuidado a su “pequeña carga” en el borde de un escalón y levantando apenas la cabeza, me miró y dijo. “señor, ¿me podría dar unas monedas?, si quiere le limpio la vereda”.

Yo lo miré con cara de asombro por el peso que llevaba, entonces le pasé unas monedas y le pregunté señalando sus hombros:

“¿No pesa esa carga?, él, sin vacilar, me miró a los ojos y me respondió:

“No pesa, es mi hermano” y sin dudar, lo volvió a levantar sobre sus hombros, me dió las gracias y se fué.

Enviado por Lidia Bonnet

 

¡Cuántas cosas deberían los adultos aprender de los niños!  Ellos son tan sanos en su alma, tan puros en su corazón que su sola mirada nos devuelve una esperanza y un retazo de amor que creíamos olvidado cuando iniciamos la carrera de los adultos.

Si todos pensáramos por un momento quienes son nuestros hermanos y les ayudáramos a transitar por la vida, aunque tengamos que cargarlos sobre nuestros hombros por un ratito, por un tiempo, hasta que aprendan a caminar solitos.

Si recordásemos a familiares que hace mucho que no vemos, amigos que están solos, niños que se mueren de hambre y no se quejan.

Si recordásemos que el país vecino es hermano nuestro, mas aún si habla nuestro idioma, se ríe con los mismo chistes y llora por las mismas tristezas, entonces no nos pesaría tanto la carga sobre los hombros, por un ratito, por un tiempo, hasta que aprendan a caminar solitos.

Si tan solo….

Miguel Ángel Arcel.

{lang: 'es'}

Subscríbete Gratis a nuestro boletín

 

Reto con Zoraida